Tras los récords de temperatura de finales de junio de 2026, el CISO global de Getronics, Joeri Barbier, advierte de que el calor y la inestabilidad de la red eléctrica amenazan cada vez más a la infraestructura de TI y OT de las empresas.
La ola de calor de finales de junio de 2026 dejó en Alemania nuevos récords de temperatura durante tres días consecutivos, con un máximo de 41,7 grados en Brandeburgo. Según Joeri Barbier, Global Chief Information Security Officer del proveedor de servicios de TI neerlandés Getronics, hay un ámbito que suele pasar desapercibido: la infraestructura de TI de la que depende prácticamente cualquier proceso empresarial. Getronics asesora a empresas en infraestructura de TI, seguridad y continuidad operativa, lo que otorga a la valoración de Barbier cierta cercanía profesional con el tema.
El calor no es un riesgo abstracto para los sistemas de TI, según Barbier. Los servidores, el almacenamiento y los equipos de red generan por sí mismos un calor residual considerable durante su funcionamiento. Cuando sube la temperatura ambiente, la refrigeración debe hacer un esfuerzo mayor. De ahí surge, según Barbier, una cadena crítica: los sistemas de climatización funcionan al límite, aumenta el consumo eléctrico y, ante una sobrecarga de la red o un corte local, el suministro y la refrigeración suelen fallar al mismo tiempo.
Los datos de una encuesta sectorial respaldan esta valoración: un 45 por ciento de los centros de datos ya se han visto afectados por un fenómeno meteorológico extremo que amenazó su funcionamiento, y cerca de un 9 por ciento sufrió un corte real.
Barbier señala además una relación estructural entre el calor y la inestabilidad de la red eléctrica: en los días de calor aumenta la demanda de electricidad por la climatización, mientras que la generación puede reducirse, por ejemplo porque el nivel de los ríos es insuficiente para refrigerar las centrales eléctricas. Esto lleva a las redes eléctricas al límite. Como ejemplo, cita el apagón registrado en España y Portugal en abril de 2025, que dejó a decenas de miles de personas atrapadas en trenes y ascensores. Según Barbier, el incidente demostró la rapidez con la que un problema de red puede convertirse en una paralización generalizada.
Según el CISO, el mayor riesgo no recae en los grandes centros de datos gestionados de forma profesional, con refrigeración redundante y suministro eléctrico de emergencia. El riesgo más importante se concentra en las numerosas salas de servidores descentralizadas de empresas medianas, en sótanos reconvertidos y en salas técnicas sin climatización adecuada, entornos diseñados para un clima que ya no existe en esa forma.
A esto se suma el nivel de la tecnología operativa (OT): en la fabricación suelen emplearse equipos y sistemas de control más antiguos, que nunca se diseñaron para los extremos de temperatura actuales. Con el calor sostenido aumenta el riesgo de fallo en estos sistemas y, a medida que TI y OT convergen cada vez más, un fallo de origen térmico puede propagarse rápidamente de un ámbito a otro. Esto es especialmente cierto en entornos industriales, donde los sistemas de control suelen permanecer en uso durante décadas, lo que dificulta una adaptación a corto plazo a las nuevas condiciones de temperatura.
Barbier recomienda cuatro medidas a las empresas: integrar el riesgo climático en la planificación de emergencias y continuidad del negocio, asegurar conjuntamente el suministro eléctrico y la refrigeración, ampliar los sistemas de monitorización con sensores de temperatura y evaluar el traslado de sistemas críticos a centros de datos gestionados de forma profesional. Según indica, un suministro eléctrico de emergencia que cubra los servidores pero no la refrigeración solo retrasa un fallo unos minutos. La monitorización energética en tiempo real ha demostrado, entre clientes industriales, que el consumo puede reducirse en torno a un 25 por ciento.
El asunto también está ganando peso regulatorio: la directiva europea sobre la resiliencia de las entidades críticas (CER) exige explícitamente medidas de adaptación climática en los planes de resiliencia. La directiva NIS2 exige una gestión de riesgos intersectorial que, según diversos observadores, incluye de forma implícita los riesgos meteorológicos extremos. Para las empresas sujetas a ambas directivas, la resiliencia climática podría convertirse en el futuro en parte de las obligaciones normativas, y no solo en una cuestión de precaución operativa.
Barbier interpreta el calor récord de este verano de 2026 como un anticipo de lo que está por venir: según las proyecciones climáticas, este tipo de fenómenos serán más frecuentes e intensos. Para las empresas, esto significa que la resiliencia térmica debe ocupar el mismo nivel de prioridad que la ciberseguridad y la protección de datos.
Con el aumento de las olas de calor, la resiliencia térmica podría convertirse en un elemento habitual de la planificación de emergencias y de los requisitos regulatorios, con especial exposición para las salas de servidores descentralizadas y los sistemas OT antiguos de las medianas empresas.

El Dr. Jakob Jung es redactor jefe de Security Storage y Channel Germany. Lleva más de 20 años trabajando en el periodismo especializado en TI. A lo largo de su carrera ha colaborado con Computer Reseller News, Heise Resale, Informationweek, Techtarget (almacenamiento y centros de datos) y ChannelBiz. Además, colabora como freelance con numerosas publicaciones del sector de las TI, entre las que se incluyen Computerwoche, Channelpartner, IT-Business, Storage-Insider y ZDnet. Sus temas principales son el canal, el almacenamiento, la seguridad, los centros de datos, los sistemas ERP y CRM.
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