El Estudio TÜV de Formación 2026 revela: las empresas reconocen la importancia de la cualificación, pero en lo que respecta a la IA existe una brecha creciente entre conciencia y acción.

Quien hable hoy con directivos alemanes sobre formación de empleados escuchará siempre lo mismo: sí, por supuesto que el desarrollo es importante. Que la realidad suele ser muy diferente lo documenta el Estudio TÜV de Formación 2026, encargado por el TÜV-Verband y realizado por forsa entre 500 empresas alemanas. El resultado es un panorama matizado, con algunas lagunas preocupantes.

El 87 por ciento de las empresas encuestadas considera importante o muy importante la formación de sus empleados. Suena bien. Sin embargo, esta cifra ha caído seis puntos porcentuales respecto al estudio de 2024. Y mientras el respaldo a la formación mengua, el porcentaje de empresas que no ofrecen ninguna oportunidad de desarrollo ha crecido del cuatro al seis por ciento – un cambio pequeño pero simbólicamente significativo.

La formación solo está anclada estratégicamente en una minoría de empresas: apenas el 29 por ciento cuenta con una estrategia de formación documentada por escrito. Las grandes organizaciones lo hacen mejor, como era de esperar – entre los empleadores con 250 o más trabajadores la cifra sube al 45 por ciento, y hasta el 53 por ciento en la administración pública. En la industria manufacturera, solo el 20 por ciento ha plasmado su enfoque en papel.

Con todo, la cultura de aprendizaje vivida en muchas organizaciones es mejor de lo que sugieren las estructuras formales. Nueve de cada diez encuestados afirman que los errores se tratan como oportunidades de aprendizaje. El 86 por ciento señala que los directivos apoyan activamente las actividades formativas. Y en la mayoría de las empresas existe una directriz explícita de que los responsables hablen con sus equipos con regularidad sobre posibilidades de desarrollo individual.

En cuanto a los presupuestos, la cosa se aprieta. Dos tercios de las empresas asignan como máximo 1.000 euros por empleado y año para formación. El 51 por ciento ofrece de tres a cinco días laborables anuales. Parece razonable, pero es ligeramente inferior a 2024: entonces el 16 por ciento de las empresas concedía más de nueve días; hoy esa cifra se ha reducido a la mitad, al ocho por ciento. La tendencia es a la baja.

En cuanto a formatos, la mayoría apuesta por lo conocido: el 81 por ciento usa sesiones presenciales, el 71 por ciento recurre a formatos en línea y más de la mitad combina ambas modalidades mediante el aprendizaje combinado. Entre los formatos digitales, los webinarios y las sesiones en vivo virtuales dominan claramente. Los sistemas de aprendizaje basados en IA, en cambio, solo los utiliza el 15 por ciento.

¿Qué aporta realmente la formación? Las empresas coinciden de forma llamativa: el 91 por ciento afirma que les ayuda a cumplir los requisitos legales y normativos, el 88 por ciento ve un impacto positivo en la productividad y eficiencia, y el 86 por ciento utiliza la formación deliberadamente para posicionarse como empleador atractivo.

En cuanto a necesidades de competencias, el estudio ofrece un panorama claro: la mayor brecha se registra en competencias digitales básicas (56 por ciento) y habilidades de liderazgo (54 por ciento). Casi la mitad de las empresas ve también necesidad de reforzar las competencias sociales. Entre las llamadas competencias del futuro, las habilidades sociales y humanas encabezan la lista con un 88 por ciento, seguidas de las competencias digitales (70 por ciento) y las capacidades transformadoras (59 por ciento).

Especialmente reveladora es la información sobre inteligencia artificial. El 56 por ciento de las empresas encuestadas ya utiliza herramientas de IA generativa como ChatGPT, Gemini o Copilot en su actividad diaria. Entre las empresas usuarias de IA, el 54 por ciento reporta ganancias de eficiencia y el 40 por ciento percibe ya cambios en las condiciones competitivas de su sector.

Sin embargo, mientras el uso crece, la cualificación se queda atrás. La proporción de empresas que ya han formado a empleados en IA se ha más que duplicado respecto a 2024 – del 12 al 27 por ciento. Pero el 45 por ciento no ve actualmente necesidad de formación en IA, aunque el 50 por ciento identifica simultáneamente una necesidad alta o muy alta de desarrollo en esta área. Esta brecha entre la necesidad reconocida y la acción real es el problema estructural que el estudio pone de manifiesto sin contemplaciones.

Para el 72 por ciento de quienes ven necesidad de formación en IA, las competencias aplicadas son la prioridad: el manejo práctico de herramientas de IA en el día a día. Dos tercios quieren también una base sobre cómo funciona la tecnología. La competencia en IA como criterio de contratación apenas existe: se exige en como máximo el cinco por ciento de las nuevas contrataciones.

Las empresas identifican la escasez de talento (75 por ciento) como su mayor amenaza para la resiliencia organizativa, por delante de la presión regulatoria (67 por ciento), los fallos informáticos (65 por ciento) y los ciberataques (62 por ciento). Para fortalecer su resiliencia, muchas apuestan por la formación en ciberseguridad (53 por ciento), inteligencia de mercado (49 por ciento) y gestión de crisis (48 por ciento).

La responsabilidad de la formación recae casi unánimemente en los propios empleadores (98 por ciento) y en los empleados (86 por ciento). La política queda muy atrás con un 47 por ciento – y recibe en consecuencia pocas alabanzas: el 67 por ciento está insatisfecho con las opciones de financiación pública y el 76 por ciento se siente mal informado sobre los apoyos disponibles. Solo el 15 por ciento cree que los responsables políticos van por el buen camino en materia de competencias del futuro.

La conclusión del estudio es tan clara como incómoda: la voluntad de tratar la formación como una inversión estratégica existe, pero la ejecución coherente falla. En un contexto donde el cambio tecnológico, la escasez de talento y la incertidumbre geopolítica golpean a las empresas simultáneamente, este es un riesgo que puede salir caro. Quienes recorten en aprendizaje hoy pagarán mañana con desventajas competitivas.

By Jakob Jung

El Dr. Jakob Jung es redactor jefe de Security Storage y Channel Germany. Lleva más de 20 años trabajando en el periodismo especializado en TI. A lo largo de su carrera ha colaborado con Computer Reseller News, Heise Resale, Informationweek, Techtarget (almacenamiento y centros de datos) y ChannelBiz. Además, colabora como freelance con numerosas publicaciones del sector de las TI, entre las que se incluyen Computerwoche, Channelpartner, IT-Business, Storage-Insider y ZDnet. Sus temas principales son el canal, el almacenamiento, la seguridad, los centros de datos, los sistemas ERP y CRM. Contacto – Contacto por correo electrónico: jakob.jung@security-storage-und-channel-germany.de

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