Un nuevo estudio de Myra Security revela que en Alemania, Francia y los países nórdicos la independencia digital deja de ser una declaración política para convertirse en acción concreta, impulsada por la presión geopolítica y la ley estadounidense CLOUD Act.
Durante años, la soberanía digital fue sobre todo una declaración de intenciones política. Una nueva encuesta a 1.818 responsables de TI en Alemania, Francia y los países nórdicos muestra que esa intención se está traduciendo cada vez más en acción concreta, aunque el camino difiere notablemente según la región.
El debate sobre la soberanía digital ha cambiado notablemente en tan solo un año. Así lo revela el informe «State of Digital Sovereignty Report 2026», elaborado por el proveedor de seguridad TI Myra Security, para el que el instituto demoscópico Civey encuestó a 1.818 responsables de TI en Alemania, Francia y los países nórdicos —Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia— entre el 25 de febrero y el 5 de marzo de 2026. La conclusión central: una convicción ampliamente compartida se está transformando cada vez más en acción empresarial concreta.
En Alemania, el 87,5 % de los encuestados apoya que los operadores de infraestructuras críticas prioricen productos digitales europeos, un ligero aumento frente al 84,4 % del año anterior. Más llamativo que la cifra global es el cambio dentro de esa aprobación: mientras que en 2025 el 66,1 % se posicionaba de forma inequívoca, en 2026 solo lo hace el 47,2 %, mientras que el grupo más cauteloso («más bien sí») creció del 18,3 al 40,3 %. El rechazo categórico prácticamente ha desaparecido, con solo un 0,3 % frente al 5,5 % del año anterior. Los autores del estudio interpretan esto como un proceso de maduración: el entusiasmo categórico da paso a un consenso sobrio pero ampliamente compartido.
El cambio es aún más marcado en la implementación real. La proporción de empresas alemanas que adoptan activamente software europeo casi se duplicó en un año, del 20,4 al 39,7 %. La proporción de quienes rechazan categóricamente un cambio de proveedor se desplomó del 47,7 al 4,6 %, un descenso de más del 90 %.
El estudio identifica como principal detonante un entorno geopolítico transformado. En febrero de 2026, la agencia Reuters informó de que el Departamento de Estado de EE. UU. había instruido a sus diplomáticos en todo el mundo para actuar activamente contra las iniciativas de soberanía digital. Poco antes, la Corte Penal Internacional de La Haya había sustituido su software de oficina de Microsoft por una solución alemana, después de que el Gobierno estadounidense sancionara a varios de sus jueces y les bloqueara el acceso a plataformas estadounidenses. En junio de 2025, el director jurídico de Microsoft Francia confirmó ante el Senado que la empresa debe cumplir con las solicitudes legales de datos de EE. UU. independientemente de dónde se almacenen —una declaración que consolidó la CLOUD Act como tema central de la estrategia TI europea.
La comparación regional revela tres perfiles distintos. Francia lidera en aprobación general del software europeo, con un 93,6 %, pero también muestra la mayor proporción de empresas que han aumentado el uso de software estadounidense como reacción a acontecimientos geopolíticos (24,8 %). Los autores lo atribuyen en parte al momento de la encuesta: el anuncio de la migración de la administración pública francesa de Windows a Linux se produjo después de finalizada la recopilación de datos. Los países nórdicos destacan por su consistencia: solo el 3,3 % rechaza categóricamente un cambio de proveedor, y el 49,5 % cree que Europa puede lograr una independencia digital de gran alcance para 2035, la cifra más alta de las tres regiones. Alemania, por su parte, muestra la respuesta concreta más fuerte ante la CLOUD Act, con un 32,4 % que planea cambiar de proveedor y un 16,4 % que ya lo ha hecho.
La transición no está exenta de fricciones: los altos costes de migración, la falta de información sobre alternativas europeas y las dudas técnicas dominan como los obstáculos más citados en las tres regiones. Sin embargo, alrededor de dos tercios de los encuestados en cada región no consideran los costes una barrera decisiva. El estudio interpreta esto como una oportunidad: los proveedores que carecen de visibilidad no son adquiridos, y es precisamente ahí donde los proveedores europeos pueden ganar terreno.
La presión política también crece en otros frentes. En abril de 2026, 25 directores ejecutivos de empresas europeas de nube y tecnología digital advirtieron a la Comisión Europea, en una carta abierta, contra una definición demasiado laxa de soberanía digital en la planeada Cloud and AI Development Act, un fenómeno que el sector denomina ya «sovereignty washing»: proveedores que prometen control europeo mientras mantienen intactas dependencias clave en su estructura corporativa, jurisdicción legal o administración técnica.
El estudio concluye con sobriedad: Europa no necesita poseer el mar digital, pero sí debe volver a navegarlo por sí misma. Se plantean cinco líneas de acción: mejorar la visibilidad de los proveedores europeos, desarrollar capacidad de migración, ganar administraciones públicas como clientes ancla, fortalecer la confianza en la competitividad técnica europea y definir la soberanía de forma realista como capacidad de acción, no como autarquía plena.

El Dr. Jakob Jung es redactor jefe de Security Storage y Channel Germany. Lleva más de 20 años trabajando en el periodismo especializado en TI. A lo largo de su carrera ha colaborado con Computer Reseller News, Heise Resale, Informationweek, Techtarget (almacenamiento y centros de datos) y ChannelBiz. Además, colabora como freelance con numerosas publicaciones del sector de las TI, entre las que se incluyen Computerwoche, Channelpartner, IT-Business, Storage-Insider y ZDnet. Sus temas principales son el canal, el almacenamiento, la seguridad, los centros de datos, los sistemas ERP y CRM.
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